Masonería y Sociedad
Introducción
Antes de empezar a dar lectura respecto al tema, motivo principal de ésta plancha, es importante analizar ciertos criterios y fundamentos, sacando todo tipo de ataduras que traen aparejada los vicios y costumbres profanas y que ya por el grado de trabajo en el que nos encontramos, deberíamos de haberlos erradicado. Es hora de empezar a trabajar en profundidad sobre nuestra realidad como sujetos pertenecientes a la Orden Masónica, si realmente ésta está cumpliendo los fines y enseñanzas y el impacto que como agentes de cambio deberíamos ser en la misma.
Así es primeramente es importante definir algo tan básico, pero que forma parte de la base del tema en cuestión, lo que entendemos como masonería, definiendo a la misma como una institución constituidas de hombres, de entre los cuales presumimos que son hombres libres y de buenas costumbres. Los mismos trabajamos sin tregua por el logro de los fines, buscando una más armónica estructuración de la vida sobre las bases del amor y de la justicia social.
Consultando la Historia, se adquiere el convencimiento de que la Francmasonería es una de las organizaciones que más ha contribuido al progreso moral, intelectual y social de los pueblos. Ha realizado trabajos y sacrificios muy importantes u ha perseguido a déspotas, fanáticos y enemigos de la luz, es decir, combatir la ignorancia en todas sus formas.
Por supuesto, no dejar de mencionar la célebre definición de la masonería la que se caracteriza por ser una institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresista; bajo los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, teniendo como lema “Ciencia, Justicia y Trabajo”.
Se propone la investigación de la verdad, la perfección del trabajo del individuo y el progreso de la Humanidad, considerando que la moral es tanto un arte racional, como un fenómeno evolutivo propio de la vida colectiva, que obedece a leyes naturales.
Ahora bien, mis QQ∴HH∴ , les invitamos a hacer un análisis introspectivo… les preguntamos si ¿realmente toda esta definición se cumple en un 100%? Podemos decir con total certeza de ser ¿agentes de cambios? ¿Usar las herramientas que nos brinda la institución para poder mejorar la humanidad toda? ¿En qué medida?
Es por ello que empezaremos a analizar a la Masonería, principalmente la paraguaya y el impacto en la sociedad.
Desarrollo
Una de las características más conocidas de nuestra actividad es que los masones practicamos la solidaridad, entendida ésta en sentido amplio. Los miembros de la Logia, en una labor conjunta y anónima, tratamos de ayudar tanto a nuestros propios miembros como asimismo realizamos obras sociales (Fundación Esperanza), e inclusive nos confraternizamos con campañas filantrópicas a desconocidos o necesitados (Hogar de Ancianos; Manicomio, Hogar de Niños con Cáncer).
Como bien sabemos, el encargado de coordinar la solidaridad en una Logia es el Hermano Hospitalario, quien debe estar atento de la situación socioeconómica tanto del resto de miembros como de la sociedad en la que vivimos.
En Masonería, todo es símbolo y el símbolo de nuestra solidaridad es lo que conocemos como el “Tronco de la Viuda”. No entraremos a desgranar el profundo significado ni la ritualidad de este símbolo, basta saber que es un elemento que, en manos del Hermano Hospitalario, pasa a circular entre los Hermanos en un momento determinado de la Tenida. Cada miembro es libre de aportar lo que crea necesario o de reclamar la cantidad que necesite para sí o para una obra social.
Podemos citar algunos casos del destino que se da a lo recaudado en Logia y, aunque no son cantidades muy significativas, cumplen su cometido. Así en algunos talleres de nuestra potencia tenemos: Ciertos momentos repentinos de crisis económica, en la cual se ha socorrido a un Hermano Masón que se ha visto, de la noche a la mañana, con situaciones graves de salud, suya de su familia cercana. Es algo que repetimos a quienes quieren conocernos: “no somos ricos ni famosos, somos personas del mundo real”. En más de una ocasión, el “Tronco de la Viuda” ha servido para evitar que algún miembro de la Logia acabe sin casa o sin servicios básicos, ayudar a conseguir materiales para operaciones quirúrgicas, inclusive el costo de operaciones de las mismas, o en las desgracias más fuertes, “sobrellevar”, por así llamarlo a las terapias paliativas de cáncer inclusive.
Por otro lado, y en la medida de nuestras posibilidades, intentamos usar lo recaudado para colaborar con la sociedad; tal ha sido el caso de ayuda, en ocasiones, a familias azotadas por la crisis, muy necesitadas de elementos para la escolarización de sus hijos, electrodomésticos básicos o, en alguna otra ocasión, atendiendo facturas de suministros esenciales o de alimentación.
En fin, nada de lo que trabajamos y meditamos personalmente, ninguna de las buenas declaraciones e ideas que compartimos como Logia tienen sentido, si no es para aplicarlas al mejoramiento de las condiciones sociales que nos rodean.
La Masonería necesita que los iniciados cumplan las promesas que han realizado respecto a sus semejantes, porque no será más que por sus acciones en la vida cotidiana, que ella podrá aportar la prueba de su voluntad de edificar el Templo ideal de la Humanidad que como agentes de cambio buscamos.
Para eso debemos trabajar, seguir trabajando, siempre trabajar. La constancia en el trabajo hacia el perfeccionamiento de uno mismo y de la sociedad, es el primer criterio de buena salud de nuestra Orden. La búsqueda de la verdad no sufre ningún hastío.
El método de trabajo masónico, si se practica con maestría (que implica saber tres veces más, es decir predicar con el ejemplo), permite precisamente revisar cada una de nuestras opiniones, confrontarlas con las de nuestros hermanos, sin que eso sea nada más que un “debate” sereno, una expresión comedida de nuestras diferencias hacia la construcción de una palabra común, incluso de un pensamiento común… pero al mismo tiempo plural, en todo su sentido.
Uno aprende a escuchar a su Hermano, a hablar con criterio, a expresar con convicción su opinión y sus posiciones, estando dispuesto a hacerlas evolucionar y enriquecerlas al servicio de nuestro ideal común, el cual es el servicio a la sociedad como estilo de vida, es decir el amor a la humanidad.
La Masonería exige de sus miembros respeto a las Leyes del país en el que cada Masón vive y trabaja.
Los principios Masónicos no pueden entrar en conflicto con los deberes que como ciudadanos tienen los masones, sino más bien tienden a esforzarlos en el cumplimiento de sus responsabilidades públicas y privadas.
A la inversa de las ideologías que pretenden reformar la sociedad, la Masonería induce a sus miembros a reformarse a sí mismos, en el convencimiento de que el progreso individual contribuirá a la mejora interior de la sociedad. Por ello, los verdaderos masones no participarán nunca en ninguna conspiración contra un poder legítimamente constituido, salvo que éste atente a los principios de buenas costumbres y a la libertad del pueblo.
Para un masón, sus obligaciones como ciudadano deberán prevalecer sobre cualquier otra obligación y por tanto no otorgará ninguna protección a quien actúa deshonestamente o contra la Ley.
No menos cierto es que, la siembra y aparición de una nueva forma de pensamiento por parte de algunos individuos o grupos repercuten necesariamente en la sociedad, provocando un cambio en el comportamiento social, es por ello que a lo largo de la historia tuvimos grandes personajes de la historia universal, latinoamericana y paraguaya como ser Voltaire, Goethe, Mozart, O’higgins, San Martin, Bolivar, General Bernardino Caballero, Mcal. José Félix Estigarribia, entre otros tantos.
Para muchos, la masonería es una sociedad secreta en la que se urden conspiraciones y se medra a la sombra del poder. Demás está decir que estos profanos con mandiles poco o nada entienden de la esencia de la orden masónica que lastimosamente en la masonería paraguaya se ha proliferado enormemente como producto de la masificación de la misma.
En un momento de crisis como el actual, cuando repuntan los fanatismos religiosos y hay quienes pretenden polarizar la sociedad con discursos populistas, la Masonería trabaja, como siempre ha hecho, por reunir y no separar, por sumar voluntades para crear espacios de convivencia y progreso iluminados por los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, por la Justicia y la Verdad, enfrentando cualquier forma de tiranía. Muchos masones han muerto o sufrido torturas y cárceles bajo las dictaduras, hoy nosotros mis QQ∴HH∴ debemos seguir por esa senda de lucha constante así como nuestros antepasados lo han hecho.
Muchos masones aún sufren persecución, en diferentes partes del mundo, por defender la Libertad del individuo y la Fraternidad entre los hombres. Y es que los totalitarismos siempre han visto en la Masonería a un gran enemigo. No porque la Masonería tenga poder o influencia, que créamos que no lo tiene; sólo porque defienden aquello que nadie puede robarnos: los valores universales que hacen progresar las sociedades.
Pero este esfuerzo constante y diario puede que le haya pasado desapercibido. Que nunca haya leído o escuchado: “la Masonería ha hecho esto o aquello”. Es normal, el trabajo de la Masonería es discreto. No puede ser de otra forma. Si no existiese la discreción, engordaríamos los egos, y los valores y tradiciones ancestrales de las que somos custodios se desvirtuarían.
La Masonería, consciente que cualquier cambio real en la sociedad, comienza cambiando uno mismo, trabaja por desarrollar una masa crítica que recupere los valores e ideales que jamás se debieron perder. Por eso, la aportación masónica a la sociedad está donde siempre ha estado: en el compromiso de cada buen masón por construir una sociedad más justa y perfecta.
¿Cómo es el masón ideal?
Es aquel que trabaja por un ideal, para mejorar al hombre y a la sociedad. Pero lo hace a su ritmo, paso a paso, con paciencia, con rigor, con humildad, cada día, en su Logia y en el mundo exterior, guardando en la esperanza, obrar lo mejor que pueda por el bien de la Humanidad.
¿Qué aporta la masonería a la sociedad actual?
La crisis de valores se ha instalado prácticamente en todos los pueblos y particularmente en el mundo occidental. El Hombre cada vez se encuentra más solo, enfrentado a su entorno. La indiferencia ante los problemas de los demás está cada vez más arraigada en nuestra conciencia. Estamos echando en falta un modelo, lo suficientemente flexible y pluralista, que armonice nuestras necesidades con los demás.
Ante esta actitud de soledad y desorientación ante la vida, es necesario un DESARROLLO y una intensificación de la ética masónica, basada en el respeto al individuo, la solidaridad, la tolerancia y la fraternidad. Es preciso recrear un humanismo del respeto, de la autenticidad, de la responsabilidad compartida, del amor al trabajo, de la capacidad creadora, que libere la extraordinaria potencialidad que los hombres y las mujeres llevamos dentro de nosotros mismos, para que nos pongamos a laborar por un mundo mejor. La nueva ética que necesita, existe, en parte, en la masonería, en ese profundo respeto del ser humano, tomado como individuo y en sociedad.
La solución a los múltiples problemas que sufre nuestra sociedad (como son, entre otros, el paro, la hipocresía social, la indiferencia ante el dolor ajeno, etc.), se puede encontrar, en parte, en el espíritu masónico, que consiste especialmente en poner a trabajar nuestra mente, nuestra voluntad y nuestra afectividad en función de la sociedad.
El Hombre de hoy no encuentra, en general, satisfacción a sus necesidades de búsqueda de la verdad y fraternidad en la mayoría de las instituciones que controlan actualmente la sociedad y las conciencias. Los intereses de grupo, la oportunidad conyugal, las verdades y disciplinas impuestas por el núcleo dirigente, los cuerpos doctrinales inamovibles (que impiden ese DESARROLLO armonioso y creativo de la mente humana) conducen, con frecuencia, al bloqueo de las conciencias e impiden la capacidad de enfrentarnos con nuestras propias angustias y con los múltiples males que nos afligen.
Por su parte, la ética masónica favorece el gusto por la investigación, el deseo de búsqueda de soluciones, el pensamiento crítico poniendo un freno así al dogmatismo y a la intolerancia religiosa que muchas veces nos hace tan mal.
Los múltiples valores masónicos, aún vigentes y necesarios en nuestra sociedad, se encuentran presentes en nuestra filosofía, cuando anunciamos, al unísono, el triple grito de libertad, igualdad y fraternidad. Con estos tres vocablos estamos indicando que nos pronunciamos solemnemente por la libertad de conciencia; por la elección o no elección de una determinada filosofía o religión; por el respeto a la originalidad individual y colectiva, siempre que no dañe la convivencia y la libertad del otro; la igualdad de oportunidades y la libertad creativa.
Conclusión
Así como los sacerdotes del pueblo judío conservaban las leyes y administraban justica, guardando en el tabernáculo las leyes mosanicas y las tabla de la ley, ósea el decálogo, nosotros mis QQ∴HH∴ todos, tenemos la obligación de conservar, cumplir y hacer cumplir, no solo las leyes democráticas sino también las leyes y los preceptos masónicos, haciendo uso de los mismos, como herramientas de incalculable valor que nos da la Orden Masónica desde el grado de Aprendiz, para poder hacer frente a la tiranía, la injusticia, la intolerancia y la gran ignorancia que día a día nos toca encontrarnos desde desempeñamos nuestras labores cotidianas. Debemos ser conscientes de que tenemos un función especial, que es la de velar el fiel DESARROLLO de la sociedad, a partir de lo que aprendemos en masonería, y ésta verdadera esencia de lo que es masonería, encargarnos de devolver a la sociedad para que la misma sea más justa, más perfecta y más fraterna
Bibliografía Consultada
Diccionario enciclopédico de la Masonería. Tomo 5
Daza, Juan Carlos “Diccionario Akkal de la Francmasonería”, Madrid 1997.
Sagrada Biblia Católica Latinoamericana
Liturgia del Grado 24 – Supremo Consejo del Grado 33 del REAA. Jurisdicción para la República del Paraguay