El Silencio del Aprendiz
Introducción
Antes de la iniciación de la tenida, todos los asistentes a la misma, nos encontramos conversando entre nosotros, sobre diversos temas que no son precisamente referidos a la masonería, sino que son mucho más personales de cada uno, como ser, la familia, el trabajo, los viajes, en fin, tratamos de conocernos más entre nosotros, para formar una amalgama que nos una, no solo dentro de la Logia, sino también fuera de los límites del Templo. A la llamada del Maestro de Ceremonias nos reunimos para el trabajo, cada uno de los hermanos en las respectivas columnas, a la vez que los Oficiales ocupan sus puestos y dejamos en pasos perdidos todo el bagaje de emociones que pudimos tener en la vida profana. Es nuestra Orden la que prepara a sus integrantes que han de ofrendarse a sí mismos, la compañía intelectual, el momento de reflexión y el esfuerzo del trabajo individual. Para que entendamos lo que significa correctamente el silencio para el masón, debemos acudir a su definición profana, indicando que es la privación voluntaria de la facultad de hablar. Y en verdad casi todos sabemos hablar, pero poco sabemos callar. Saber callar no es menos importante que saber hablar. El arte de la palabra no se podrá apreciar, si antes no hemos aprendido el valor del silencio. Nuestras expresiones verbales deberán ser siempre pasadas por la escuadra de la reflexión, a fin de que sean provechosas para quien las escucha
Desarrollo
El silencio en logia solicitado por el QH Maest de Cerem al inicio de los trabajos nos lleva a adentrarnos en un estado que nos transporta más allá de lo que perciben nuestros sentidos; nos ayuda a abrir nuestro corazón y nuestro intelecto para recibir los mejores frutos de la espiritualidad y del conocimiento.
Origen: Los discípulos de la escuela Pitagórica se distinguían en tres grados, siendo el primero el acústico llamado así para silenciar la mente.
Por un período de tres años se los admitía como oyentes, observando en un silencio absoluto como método de asimilación de conocimientos y adquisición de mesura.
El silencio lo podemos tomar por cuatro aristas principales, que son desde un punto subjetivo:
Una Disciplina
La disciplina del silencio es una de las enseñanzas fundamentales de la masonería, en especial en su primer grado.
El aprendiz masón, tiene como deber y obligación principal, la de mantener silencio. Su significado filosófico se basa en la premisa: saber pensar, saber dudar y saber callar.
Una Herramienta
El silencio es considerado como una herramienta que debe usar el aprendiz para generar calma interna la cual es necesaria para contrarrestar la ansiedad y la prisa impuesta desde las tentaciones del mundo profano.
Una Virtud
El silencio practicado correctamente se eleva al rango de virtud pues con él se puede ser prudente, diligente, moderado y discreto.
Una Conducta
El alcance de nuestra palabra, producto de nuestros pensamientos, resulta clave en la construcción de nuestro templo interior a través del pulimiento de la piedra bruta.
Lo mejor es callar si aún no sabemos cómo y cuándo hablar.
La insistencia de la Masonería en la necesidad del silencio y del secreto está verdaderamente justificada. Los Landmarks de nuestra institución ordenan sabiamente, que todo hermano debe comprometerse a sellarse los labios como prueba de su lealtad al silencio.
Cuando se pide el silencio en pasos perdidos, esto, más que una formalidad encierra la invitación a asumir el estado propicio para el aprendizaje dentro del taller, implica el cese de toda conversación profana, el cese de todos los pensamientos y emociones que pudieran impedir la disposición y concentración suficientes, para poder observar, escuchar y analizar los temas discutidos en el mismo. El mantener el debido silencio, nos predispone a reflexionar sobre lo tratado, y poner tanto la mente como el corazón, abiertos para asimilar lo más posible, las enseñanzas morales y filosóficas, que se imparten en la tenida.
El escritor, filósofo y psicólogo Rene Trosero, escribió las siguientes reflexiones sobre el silencio.
Cuando callas, también hablas de ti mismo
Cuando callas un secreto, conozco tu fidelidad de amigo
Cuando callas tu propio dolor, conozco tu fortaleza
Cuando callas ante el dolor ajeno, conozco tu amor al prójimo
Cuando callas ante la injusticia, conozco tu valor y compromiso
Cuando callas ante lo imposible, conozco tu madurez y dominio de sí
Cuando callas ante la estupidez ajena, conozco tu sabiduría
Cuando callas ante los fuertes y poderosos, conozco tu altura de miras
Cuando callas ante lo que ignoras, conozco tu prudencia
Cuando callas tus propios méritos, conozco tu humildad y grandeza
Ernest Hemingway dijo “que se tarda dos años para aprender a hablar y toda una vida para aprender a callar. Por lo tanto, vuelvo al silencio para encontrar la paz, porque debemos ser amos de nuestros silencios y no esclavos de nuestras palabras”.
Conclusión
El silencio en la masonería es una disciplina fundamental que promueve la reflexión, el autocontrol y la apertura al conocimiento. Inspirado por la escuela pitagórica, el silencio es visto como una herramienta que calma la mente y prepara al aprendiz para el aprendizaje profundo. Considerado una virtud, el silencio permite actuar con prudencia, discreción y sabiduría. Además, es una conducta esencial para la construcción interna del individuo, donde la mesura y el control de las palabras juegan un papel crucial. A través del silencio, se alcanza una paz interior que permite un crecimiento personal y espiritual más profundo.
Referencias
Lavagnini, A. (2019) Manual del Aprendiz.
El Libro del Aprendiz Masón.
Los 33 Temas del Aprendiz Masón y Estatutos de la Orden.
centauro996.wordpress.